martes, 28 de agosto de 2012

Capítulo 3

Zayn sonrió al ver nuestras expresiones. Se giró hacia el interior de la casa y gritó:
-¡Chicos, nos han descubierto!
-¡Oh, mierda! ¿Quiénes son?- respondió una voz chillona. La reconocí de inmediato. Louis Tomlinson.
-Unas chicas… Traen postre.- dijo mientras nos volvía a mirar. Nosotras seguíamos inmóviles.
-¡Que pasen, sin duda!- gritó otra voz. Niall Horan, sin duda.- ¡El cerdo de Louis no quiere hacer nada!
-Lo que quieras comer te lo preparas tú, vago de mierda.
-¡Vale!- respondió Zayn. Se volvió hacia nosotras y sonrió.– Creo que puedo ahorrarme la presentación.
-Sí.- solté una risa histérica mientras en mis ojos se acumulaban lágrimas de emoción. Mierda.
-Oye, estáis pálidas. ¿Os encontráis bien?- preguntó un poco más preocupado.
Yo cerré los ojos, respiré hondo, y me imaginé que tenía delante a cualquier otra persona que no fuera él.
-Estamos bien, lo que pasa es que…- ahí me volví a atascar.
-¿Tan feo soy que tienes que cerrar los ojos para hablarme?- preguntó burlón.
Yo respiré hondo un par de veces. Laura, sólo es… ¿Cómo que sólo? ¡Es Zayn Malik! A ver, Laura, respira. No te va a hacer nada. Abrí los ojos lentamente. Él seguía apoyado en la puerta, con todo su esplendor. Intenté con todas mis fuerzas que no me afectara.
-No eres feo.- murmuré, y bajé la mirada.
Zayn se rió. Maldita sea.
-Exageras.
-¡Pero si te encanta que te digan eso, Zayn! ¡Te pones cachondo!- grita la voz de Louis.
Zayn puso los ojos en blanco. Noté que alguien me tocaba el brazo. Leyre. Giró la cabeza lentamente.
-¿Son ellos?- susurró Leyre.
-Los mismos.- le respondí, ya más tranquila.
-Me habéis prometido postre, ¿dónde está?- gritó Niall desde el interior. Se oyeron tres risas que le acompañaron.
Entonces caí en la cuenta. A escasos metros pasillo adentro, estaba Liam. Liam Payne. Ese que me había ayudado de tantas maneras y por el que me había hecho un poquito más fuerte.
-¡Ya va!- gritó Zayn. Puso los ojos en blanco.- Sé que nos saltamos las reglas de seguridad pero que les jodan, ¿queréis pasar un rato? Nos aburrimos demasiado.- propuso con amabilidad.
-¿Cómo? ¿Entrar y conocer a...?- susurré.
-Sí, a los inigualables miembros de One Direction. ¿Os animáis o no tenéis el corazón para muchos trotes?- preguntó burlón.
Yo me sonrojé.
-Estoy haciendo un gran esfuerzo para no desmayarme, pero intentaré aguantar.- acepto. Zayn se hace a un lado y nos deja pasar.
-Por cierto, ¿cómo os llamáis?- nos pregunta a mi espalda.
-Yo me llamo Laura y mi amiga la vegetal es Leyre.- contesté irónica.
En realidad no me veo capaz de conocerles, pero ahora no había vuelta atrás.
-Huele genial...- comentó Niall. Salió al pasillo y sonrío.- ¡Hola, chicas! ¡Soy Niall!
Como nos había pensado con Zayn, nos quedamos bloqueadas a ver a Niall. Sus ojos azules nos miraban con curiosidad y de vez en cuando se le desviaban hacia la bandeja.
-Toma.- le digo alcanzándole la bandeja a Niall. Él la acerca a su nariz y aspira con fuerza.
-Tienen una pinta genial. ¡Voy a echarles sirope de chocolate por encima!- se gira y va dando saltos hasta la cocina.
-¿Estás bien?- me pregunta Leyre en voz baja.
-¿Yo? Sí, claro, ¿por qué iba a estar mal?- me reí de manera histérica.
Ahora mismo, pensé que ellos estarían especulando si nos habíamos escapado de algún manicomio cercano, y que habíamos venido a refugiarnos aquí.
Escuché una risita detrás de mí. Zayn seguía apoyado en la puerta, con los labios apretados. Recuerdo haber visto en una entrevista que todos estaban de acuerdo en que Zayn era el más tranquilo y sosegado... Y una mierda. Embusteros.
En los dos minutos que llevamos con ellos me he dado cuenta de que si no hubiésemos sabido que eran los miembros de la banda más conocida actualmente, podrían haber pasado perfectamente por chicos normales y corrientes.
Me doy cuenta de que Leyre seguía agarrada a mi camisa. Seguía riéndose de esa manera que me entraban ganas de meterle un puñetazo en la boca, porque me estaba poniendo nerviosa. Le puse las manos a ambos lados de su cara.
-Leyre, reacciona.
-¿Se encuentra bien? ¿Llamamos a algún médico o no hace falta?- preguntó otra voz, menos chillona que la de Louis, más grave que la de Harry. No supe situarle la cara a esa persona, porque estaba completamente bloqueada.
-No te agobies, Liam.- se carcajea Zayn. Yo suelto un respingo antes de girarme lentamente.
Liam.
Estaba levantado, apoyando una mano en una cómoda del pasillo e inclinado hacia delante. Era tal y como me lo había imaginado, no era producto de mi imaginación.
Yo le miraba totalmente hipnotizada a los ojos, esos ojos tan malditamente atrayentes. Pensé que me iba a dar otro ataque, y esta vez más fuerte. Pero no. No quería dejarme en ridículo delante de ellos. De él.
Sacudí la cabeza e intenté hablar. Liam se acercó y extendió su mano.
-Soy Liam.- se presenta. Yo miro su mano con sorpresa pero me recompongo y la estrecho con la mía. Un escalofrío me sube por la espalda.
-Ya... Ya lo sé.- respondo ocultando mis ganas de tirarme de los pelos.- Yo me llamo Laura.
-¿Qué me ha pasado? Dios, creo que voy a desplomarme en cualquier momento.- murmuraba Leyre mientras daba saltos como una niña pequeña.
-¿Ya estás mejor?- le pregunté.
-Yo… ¡mejor, imposible!- gritó.
Zayn se rió con ganas. Niall, que en ese momento apareció por la cocina con una de mis magdalenas desde la cocina, acompañó a sus risas. Liam se limitó a sonreír y yo le miré.
Seguía mirándome, con esos ojos que podrían ser producto del mismísimo diablo.

❝LIAM❞

Louis, Harry y yo seguíamos en el salón, indiferentes a lo que pasaba en el pasillo. Había dos chicas, eso sí.
-Leyre, reacciona.- pidió una voz en un susurro.
La verdad es que me preocupé. ¿Y si a la tal Leyre le había dado un ataque de pánico o de nervios? Me levanté del sofá.
-Voy a ver qué pasa.- les dije a Louis y Harry. Ellos asintieron mientras seguían concentrados en el Monopoly.
Salí al pasillo. Zayn estaba de pie al lado de las chicas. Una de ellas estaba de espaldas a mí, y la otra de frente. Supuse al instante que la que estaba de frente era Leyre, ya que estaba blanca, con cara de ida.
-¿Se encuentra bien? ¿Llamamos a un médico o no hace falta?- propongo.
Zayn se echa a reír.
-No te agobies, Liam.- me dice.
La chica que tengo de espaldas se gira de inmediato y me atraviesa con una mirada muy intensa. Sus ojos son marrones oscuros, como el café que me tomo todas las mañanas. Sus pupilas se dilatan y yo decido presentarme. Me acerco a ella y extiendo mi mano.
-Soy Liam.- digo. Ella mira mi mano con incredulidad y algo de desconfianza. Después vuelve a mirarme pero esta vez con mucha más seguridad.
-Ya... Ya lo sé.- responde estrechando mi mano. Vaya, una chica decidida. Me gusta.- Yo me llamo Laura.
Laura.

viernes, 24 de agosto de 2012

Capítulo 2

Junio de 2012.


Por fin. Ayer Leyre y yo terminamos nuestro último año de instituto, con unas notas que ni nosotras creíamos. El año se nos había pasado realmente rápido. Nos habían aceptado en la universidad de Periodismo y Comunicación y nuestro nivel de inglés era tan alto que podríamos pasar perfectamente por estudiantes británicas. El principio de curso se hizo algo cuesta arriba, ya que éramos las chicas nuevas y al ser de otro país nos convertimos en la comidilla del instituto. Hicimos amigos de manera casi instantánea y nos trataban de maravilla y les fascinaba cuando hablábamos en español entre nosotras.
Por fin sentía que encajaba en un sitio.
Durante este año había cambiado. No confiaba tan rápidamente en la gente aunque lo del miedo a decir lo que pensaba seguía intentando mejorarlo. Para Navidades, Leyre y yo volvimos a España. Mi familia y yo aprovechamos ya que mi cumpleaños es el 16 de diciembre. Ellos se alegraban de verme más feliz y no les culpo, en los últimos años era totalmente lo contrario.
Había comenzado a salir con Carter, un chico de nuestro instituto en Londres. En realidad no estábamos lo que se dice «saliendo». Íbamos por la calle cogidos de la mano, me besaba cuando menos lo esperaba pero entre nosotros no habíamos confirmado nada. Era una persona increíble, muy cariñosa y divertida, y Leyre lo adoraba. Yo también, para qué mentir.

Era feliz tras mucho tiempo encerrada en un pozo de desesperación y lágrimas. También había cambiado mi registro musical. Cuando volví de España, me llevé a Carter a un centro comercial y me pasé la mañana en una tienda de música. Imagine Dragons, Bruno Mars, Paramore, Ed Sheeran, Cher Lloyd... Y One Direction. Los chicos de la cafetería. Los de Torn. Vi el vídeo del single que sacaron a finales de agosto de 2011, What Makes You Beautiful y creo que jamás un grupo me había llegado como ellos. Eran chavales prácticamente de mi edad o un año más. Talento no les faltaba y atractivo tampoco. Uno que respondía al nombre de Liam me llamó la atención desde el momento cero. No sé por qué él y no alguno de los otros cuatro, simplemente ocurrió. Su historia se asemeja a la mía por lo que he leído.
-Laura.- me llama Carter. Yo sigo inmersa mirando entre las estanterías repletas de CDs sin prestarle atención.- Laura.
Yo me decido a mirarle. Sus ojos verdes me observan con diversión. Tiene su pelo marrón despeinado y su chaqueta de cuero mojada, ya que cuando veníamos estaba lloviendo.
-Dime.
-Mira quiénes están en esa televisión.
Yo sigo la dirección de su dedo. En la sección de televisiones está puesta la MTV y One Thing empieza a sonar a todo volumen. Salgo corriendo y me pongo delante de la televisión. En la pantalla aparece Liam y a mí se me escapa una sonrisa. Tiene el pelo rizado y le cae por la frente, unos ojos de un color marrón precioso, las mejillas prominentes, nariz respingona y una sonrisa que quita el aliento. Tiene un algo que me atrae demasiado de él y no sé qué es. Simplemente me gusta. Y mucho.
El vídeo sigue y salen los demás. Zayn es moreno con una cresta negra y ojos muy oscuros, lo que le da un aire bastante interesante. Niall es rubio de ojos azules con cara aniñada y una sonrisa torcida. Tiene un diente torcido, literalmente. Me hace gracia porque a mí me pasaba exactamente lo mismo hace un par de años, hasta que me puse aparato dental y me lo quitaron antes de venirme a Londres. Louis es el más mayor aunque no lo parezca: tiene el pelo marrón, los ojos azules y una sonrisa permanente y contagiosa. Y por último Harry, el pequeño. Tiene el pelo rizado y oscuro y unos ojos verdes que hipnotizan de manera instantánea, además de unos hoyuelos adorables que adornan sus mejillas cada vez que sonríe. Leyre no para de babear por él y no la culpo. Pasan por muchos lugares turísticos de Londres, por los que yo también he paseado algunas veces.
-Nena, sé que les adoras y todo lo que quieras, pero no me has dado tiempo a desayunar y ahora me ruge el estómago como si hubiese un león encerrado en él.- comenta Carter. Yo desvío la mirada del vídeo a punto de acabar y veo que él me mira con las cejas alzadas.
-Está bien, vámonos. Si total, lo he visto muchas veces.
-No las suficientes. Les tengo aborrecidos.- replica Carter claramente para picarme. Le pego un puñetazo en el hombro.
-Cállate.
Él me da un beso en la frente antes de cogerme de la mano y salir juntos de la tienda. Yo echo una mirada atrás y sonrío. Las letras de sus canciones son de esas que me identifican. Nunca he estado contenta por mi físico, pero con ellos siento que quizá yo no soy del agrado de mí misma, pero sí del de otras personas.
Como Carter.


La casera de nuestro piso nos dijo que tenía una casita en un pequeño complejo en el bosque, cerca de Richmond Park, y nos dijo que podíamos ir ahí unos días para descansar si nos apetecía.
-Bueno… aquí la tenéis.- dijo Margaret.- Os la dejo porque confío en que la cuidéis. Habrá un hombre en la puerta esperándoos. Es mi hermano y él os dará la dirección y todo.
-Por supuesto.- respondí de inmediato.- Limpiaremos lo que ensuciemos, y todo estará como si no hubiéramos ido.
-Espero que sí, cielo.- nos sonrió amablemente y se metió en su casa.
Nosotras nos subimos a nuestro piso y comenzamos a hacer las maletas. Nos marcharíamos al día siguiente a primera hora de la mañana, durante una semana.
Leyre suspiró mientras metía sus cosas en la maleta.
-Espero que haya WiFi.- comenta. Yo me la quedo mirando con una ceja alzada y ella me atraviesa con sus ojos claros.- ¿Qué?
Sacudo la cabeza.
-Eres imposible.
Nos fuimos a dormir temprano, ya que a las ocho de la mañana nos íbamos camino al complejo. Estaba a unas cerca de una hora en coche pero como aún no conducíamos, íbamos a ir en un pequeño autobús que pasaría a recogernos.


El minibús llegó a las 8 en punto. Estaba lleno de turistas japoneses -o chinos, a saber- y de niños que no paraban de gritar y berrear. Leyre casi se echa a llorar de la furia y yo no paraba de resoplar. Adoro los niños, pero cuando están todo el rato gritando no les aguantan ni sus padres.
Nos sentamos juntas al final del autobús, un poco alejadas del bullicio. Saco el iPhone que me regaló Carter por mi último cumpleaños -intenté devolvérselo porque me parecía exagerado pero no me dejó- junto a mis auriculares. El disco de Battleground de The Wanted empieza a sonar a todo volumen y yo me hundo en mi asiento. Leyre cierra los ojos y se intenta dormir, pero con los berridos de los niños es prácticamente imposible.
-Laura, mátales.- murmura ella cuando me quito los cascos.- Arráncales la cabeza antes de que se reproduzcan.
-Qué salvaje eres.- me carcajeo.- ¿Cuando tus hijos hagan lo mismo qué harás?
-Los cuidará el padre y yo me pondré tapones.
Me echo a reír con ganas. En ese momento, el autobús aparca en Richmond. Cuando llegamos, bajamos del bús y un hombre viene hacia nosotras.
-¿Sois Laura y Leyre?- nos pregunta. Es un hombre de unos 55 años, pelo gris y ojos verdes.
-Sí, somos nosotras.- afirma Leyre mientras yo saco las maletas del autobús.
-¡Estupendo! Soy Ryan, el hermano de Margaret.- se presenta.- Seguidme, es por aquí.
Al final, llegamos a la casa, es pequeña pero de aspecto muy acogedor.
-Bueno chicas… Tenéis la nevera y la despensa llena con todo lo que podáis necesitar. Si tenéis cualquier problema, he dejado mi número pegado a la nevera.
Nos ayudó a subir las maletas por las escaleras.
-Yo me voy. ¡Disfrutad de la estancia!- nos saludó con la mano y se fue.
Nosotras nos cambiamos de ropa y nos echamos una "siesta mañanera". Después, comimos y nos fuimos a dar un paseo para conocer el sitio. Toda la gente era muy agradable, pero no había nadie de nuestra edad. Volvimos a la casa a eso de las cinco de la tarde. Nos sentamos en el gran sofá y pusimos la tele.
A los quince minutos, oímos el ruido de un motor, que aparcaba delante de la casa de al lado. Miramos por una ventana para investigar. Era un gran coche negro. Los inquilinos ya debían de haber entrado. Lo que vimos fue a un chico rubio y fuerte, pero de espaldas. Tendría nuestra edad, o un año más como mucho.
-Me da a mí que vamos a tener que ir a presentarnos, amiga.- dice Leyre.- ¿Hay tarta en la nevera?
-Puedo hacer unas magdalenas de chocolate rápido.
-Perfecto.
Voy corriendo a la despensa y por suerte, hay de todo lo necesario. A la media hora tengo una bandeja llena.
-Hay que ser educado y presentarse a los vecinos, ¿no es así, Leyre?- pregunté con tono educado.
-Por supuesto, querida.- respondió ella en el mismo tono.
Yo cogí la bandeja de magdalenas. Salimos a la calle y nos dirigimos a la casa. Leyre va pegando saltos delante de mí y se mira en una de las ventanillas del enorme todoterreno negro. Se ajusta el escote de su camiseta de flores.
-¡Leyre!- le reprendo aunque no puedo parar de reírme.
-¿Qué pasa? Tú tienes a Carter pero yo a nadie, y ambas sabemos que Harry Styles es inalcanzable.
Nos encaminamos de nuevo hacia la casa. Subimos las escaleras que llevaban a la puerta principal. Nos paramos un segundo y respiramos hondo. Se oía música a un volumen bastante alto. Truqué la puerta con los nudillos.
Nadie vino a recibirnos.
-Tienen el volumen demasiado alto.- meditó Leyre.
Yo volví a trucar en la puerta, esta vez con más fuerza.
-¿Hola? ¿Hay alguien? ¡Somos las vecinas de al lado!- grité para que nos oyera.
La música se paró. Se oyeron unos pasos por el pasillo. Leyre se echó el aliento en la mano. Yo puse los ojos en blanco. Se escuchó cómo abría el pestillo de la puerta. La puerta se abrió lentamente.
Yo estampé una radiante sonrisa en mi boca, pero de pronto la mandíbula me colgó hasta el suelo. A mi lado, Leyre contuvo la respiración y se le dilataron las pupilas.
Normal que lo hiciese, porque el chico que nos abrió la puerta era Zayn Malik.

miércoles, 22 de agosto de 2012

Capítulo 1

-Prometednos que nos escribiréis por Twitter, Skype, cartas o cualquier medio, ¿vale?- gritó Sandra, llorosa.
Yo sonreí, con lágrimas en los ojos.
-Tranquilas, chicas. Os llamaremos siempre que podamos.
Leyre y yo le dimos un abrazo a cada una. Primero a Sandra, luego a Beatriz, y por último a Blanca. Nos giramos y nos dirigimos a la facturación de las maletas para el viaje con destino a Londres.
Este año temriné primero de Bachillerato. Algunas universidades me habían ofrecido estudiar Periodismo en sus programas, pero yo me decantaba por la Real Universidad de Periodismo de Londres. Por eso mismo decidí terminar el último año de instituto ahí, para prepararme. Me acompañaba mi amiga Leyre. Nos conocimos hace un par de años a través de Twitter y cuando nos conocimos en persona, decidimos irnos juntas.
Nuestras amigas se quedaban en Madrid, por ahora. Beatriz estaba haciendo un grado medio de administrativa, Blanca iba a estudiar ADE en la Complutense y Sandra estaba barajando posibilidades entre estudiar Diseño o Bellas Artes, ya que pinta genial pero adora diseñar ropa. Aún no sabía si quedarse en Madrid o irse a otro lugar.
Cuando subimos al avión, Leyre y yo respiramos hondo.
-¡Nos vamos a Londres, Laura!- chilló Leyre.
Yo reí.
-Tenemos todo el verano por delante para prepararnos para la que nos espera…
El viaje se me hizo bastante largo, aunque no duró ni siquiera tres horas. Cuando llegamos al aeropuerto de Londres, cogimos un taxi.
-Al parque de Greenwich, por favor.- indiqué.
Llegamos y el taxista aparcó ahí. Nos dirigimos a un gran bloque de pisos, a la dirección en la que nos habíamos alquilado un piso.
-Es aquí…
Entramos. La mujer que nos había alquilado el piso era una señora muy amable y simpática. Nos dio las llaves del piso y nos dejó ir.
-Es en le tercer piso, chicas. Si necesitáis cualquier cosa, me buscáis en el segundo piso, ¿de acuerdo?
Nosotras asentimos.
Cuando entramos en el piso, nos quedamos de piedra.
-Vaya.- susurré.
El piso era bastante grande, para el precio al que nos lo había alquilado. Tenía un gran salón, una cocina, dos baños y tres dormitorios; también había una terraza que daba una vista espectacular de la parte turística de Londres.
-Madre mía… Estoy segura de que va a ser el mejor verano de nuestras vidas.- dice Leyre levantando su mano. Yo me echo a reír.
-Que no te quepa duda.- asiento chocando su mano.

Los días pasaban. Nos iban llegando varias cosas de España que no pudimos traer en el avión. Comenzamos a decorar nuestras habitaciones. No había mucho que poner. Salíamos a hacer turismo, ordenábamos la casa y nos matriculamos en un instituto cercano a nuestro piso. Yo por fin respiraba con tranquilidad. Por fin había hecho el cambio de aires que llevaba ansiando desde hace años. Por fin había huido de España, un lugar en el que lo había pasado realmente mal. Empezaba una vida nueva en la ciudad que siempre quise visitar junto a una de mis mejores amigas. Nunca había sido muy partidaria de las aventuras, pero si algo me ha caracterizado siempre es el ser soñadora. Nunca había salido de España, solamente unas cuantas veces fui al sur de Francia y otra a Alemania aunque era muy pequeña y no lo recuerdo. Siempre había querido venir a Reino Unido pero mis padres no estaban por la labor de venir.
No estaban contentos con mi decisión de venir a pasar mi último año de instituto aquí, pero acabé convenciéndoles -no sé cómo-. Al final aceptaron sabiendo que lo único que quería era marcharme y pasar página tras los últimos años tan infernales que había pasado ahí. El acoso, las lágrimas, el mudarme a Madrid, el cambio total de aires, conocer a Fran, todo lo que me hizo pasar... Todo quedó en un segundo plano.
Era momento de cambiar. Me centré en descansar y prepararme para lo que quizá sería quedarme a vivir permanentemente aquí. Los días que no salíamos a la calle, nos quedábamos tiradas en los sofás del salón con una enorme taza de café entre las manos. Leyre solía ver AHS en su ordenador y leía. Yo también leía o veía series como Crónicas Vampíricas o Castle -mi gran inspirador-. Eso sí, tenía los auriculares incrustados en los oídos la mayoría del día. Para limpiar, para leer o incluso para cocinar. La música era básicamente mi antídoto, algo que me había servido para seguir adelante. Las letras de las canciones con las que me sentía identificada me hacían creer que no era la única que pasaba por las mismas situaciones que yo.
Un día me levanté y vi que estaba en uno de los sofás con una manta por encima y el libro de Crepúsculo abierto sobre mi vientre. Recuerdo que ayer Leyre y yo nos quedamos hasta bastante tarde leyendo. Ella está en el otro sofá y sigue dormida, por lo que yo me estiro, me levanto y voy hacia la cocina. Preparo una taza de café humeante y voy a mi habitación para coger una chaqueta enorme de punto. Me la pongo, vuelvo al salón y cojo mi móvil con los auriculares antes de salir a la terraza. Estamos a finales de agosto pero es de esos días locos en Londres, en los que el cielo está encapotado y caen gotas del cielo pero no hace demasiado frío. Eso es lo malo de Londres, tan pronto necesitas tres capas de abrigo como podrías ir desnudo por la calle y aun así tendrías calor. Se huele la cercanía del otoño en el ambiente.
Me siento en el banco de caoba que hay en la terraza y rodeo la taza de café con mis manos, dejando que el calor abrasador traspase mi piel. Me encojo en el banco a la vez que le doy al aleatorio de mi móvil. Miro de manera ausente al exterior y a pesar de ser un día lluvioso, Londres no deja de ser la ciudad más mágica en la que jamás he estado.
En mis auriculares suena un grupo británico del que el otro día me descargué su nueva canción porque la escuché en una cafetería y no pude quitármela de la cabeza. No paré hasta averiguar su nombre, pero ahora ni me acuerdo. Resulta que el año pasado estuvieron en el Factor X de aquí. Ahora está sonando una de las canciones que cantaron allí, y la verdad es que no están nada mal.


Nothing's fine, I'm torn.
I'm all out of faith.
This is how I feel.
I'm cold and I am shamed,
lying naked on the floor.
Illusion never changed 
into something real.
I'm wide awake,
and I can see
the perfect sky is torn.

Es una canción preciosa y la letra también. Había escuchado su versión original, pero cantada por este grupo le da un tono especial.
Desde ese mismo momento decidí que las cosas iban a cambiar, y que la chica rota que siempre había sido iba a convertirse en una chica fuerte.
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